Hijo mío…. me encantó tu carta, refleja no solo las cosas que pensás de mi y de nuestra relación, sino y sobre todo, la gran persona en la que te estás convirtiendo.
Tenés todo un mundo por delante, un mundo fantástico, donde la vida se te presenta en cada mañana, en cada mirada, en el aroma del café o del jazmín en la calle, el frío de la mañana en la cara, la suavidad de la piel de una mujer o la caricia de su pelo.
Con tus 16 años, esta a punto de salir al mundo, a empezar a jugar un juego alucinante. Mantén siempre el eje, el equilibrio, la paz interna. Cada vez que sientas angustia, mirá para adentro… la angustia es una señal de que hay algo adentro que resolver. De afuera solo vienen estímulos, adentro es lo que detona, aprende a conocerte. Vos tenés todas las respuestas, vos tenés la capacidad de ser feliz, finalmente, todos los hombres nos damos cuenta, algunos antes otros después… ser feliz es una decisión, es tu decisión.
Yo soy un hombre feliz, disfruto de poder asombrarme día a día de las pequeñas cosas que la vida nos regala… disfruto de tener la sensibilidad para disfrutar. Estoy liviano y en paz conmigo. La vida nos da, a cada instante la posibilidad de aprender, siempre, siempre hay una puerta abierta esperando. Hay que estar agradecido por eso… gratitud, es un sentimiento a desarrollar. Estar agradecido no solo se siente bien, además es un gran imán para cosas buenas.
Pablo, hijo mío, debo pedirte perdón (e intentar perdonarme yo) por todas las veces que deposite mi frustración en vos, que levanté la voz, que te miré con furia, que te herí con las palabras… me lo hacía a mi mismo, pero debo haberte marcado. Perdón. Fue parte de mi proceso, el vinculo que nos une tuvo esa etapa también, alguna enseñanza debe haber dejado, como todo.
Te quiero como se quiere a los hijos, te quiero mas que a mi mismo, es un amor absolutamente de entrega, como es en realidad el AMOR en mayúsculas. Estoy siempre.
Papucho.
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