El río Limay se caracteriza por tener truchas “grandes” para un río. Pero también tiene otras características que no lo hacen justamente el río más querido por los pescadores, salvo que se lo flote, desde luego. Tiene, por lo general, costas difíciles de vadear, mucho e incómodo caudal de agua y para cambiar de un ámbito de pesca a otro, por lo general hay que caminarlo muy largo.
Excepto por “El Anfiteatro”; cualquiera que haya venido a Bariloche desde Buenos Aires en auto, y no está tan cansado luego del los 1570 Km, se queda mudo frente a un giro abrupto, el río se separa en dos brazos importantes, el de la derecha, visto desde la ruta, sigue derecho por unos trescientos metros (dividiendose en tres ríos) y da comienzo a una lenta curva que luego de una impresionante vuelta en “U” se reencuentra con el otro brazo, el izquierdo que pegó un violento giro de 90 grados. En el medio surge una isla, si ven la foto, que está tomada desde la parte más pronunciada de la curva, lo que se ve en el medio es la isla y a la izquierda como el río va a encontrarse con su gemelo trescientos metros al sur, de contorno, las paredes rocosas que dan una idea del terrible pozón que se genera. Calculo no menos de diez metros.
Lo que mas me gusta de ese lugar es la variedad en tipos de pesca que ofrece. Tenemos al menos seis correderas, dos pozones de dimensiones obscenas, cuatro “run’s” y un “flat” que es de morirse. Y todo en un radio de cuatrocientos metros. Caminás la isla y en minutos tenés las mejores opciones para ninfear, tirar secas, húmedas y las “streamers” en los pozones. El tema es que es viable al final de la temporada, porque vine poca agua y a veces hasta se puede cruzar caminado, siempre con cuidado. La temporada pasada le pifié la pisada y me empape, estuve a un paso de ser arrastrado por este río que no es nada amigable.
Cuestión que desde que arrancó esta temporada que me muero por cruzar. Finalmente el domingo 21 de noviembre de 2010; con Adrián, amigo mosquero y fotógrafo, decidimos ir. Llegamos tipo 9:30 am, y luego de 15 minutos de bajar estábamos inflando el bote. Cruzamos remando, en un silencio absoluto, ya el sol estaba bastante alto, pero en esa parte todavía no había pegado, se sentía como si fuera el alba. diez largos minutos de bote y ya estábamos amarrando en la isla.
Decidimos dejar el bote y llevar los equipos al lugar elegido para hacer base, además era el que sabíamos, no importaba el caudal, era posible pescar, y bien.
Mientras cruzábamos la isla nos dábamos cuenta que el caudal era muy alto y nos íbamos a tener que conformar con vadear muy poco. Con agua ese lugar es peligroso. Dejamos los equipos en una bahía donde aparece el primer río que se forma del brazo de la derecha (siempre mirando desde la ruta), el más chico de los tres y donde arranca el pozón mas grande. Se forma una buena corredera, de caída profunda, un “run” por la izquierda y el pozón se va dando de a poco a la derecha, en frente, a unos 70 metros, la pared y el giro del río; el lugar, increíble. Volvimos, buscamos el bote e hicimos un poco de rafting por el río más chico, que vino bien para despabilarse.
Adrián, en el primer “cast” saca una arco iris, de un porte mediano, para lo que habitualmente da el río, unos 30 cm. Diez minutos mas tarde saco un macho un poco mas chico, que se me escapa de las manos cuando Adrián estaba por sacarme una foto; a las puteadas me doy vuelta, hago dos pasos, miro el “run”, saco una “Woolly Bugger”, la clásica: verde oliva, y pongo la mosca en el remanso del otro lado del run, chico y fuera de los árboles, bajé la punta de la caña y la línea empezó a tirar con la fuerza del run hacia adelante, como era un “shooting” me quedé dándole amnesia mas o menos 30 metros y tensé. Al segundo tirón de línea, me sorprende un pique propio de una ballena azul. La sensibilidad que me da pescar con una 4 es muy agradable con truchas medianas, pero si clavaste una arco iris a 30 metros, justo entre el laminar del run y del pozón, arriba de los 2,5kg y poco menos de 60 cm de largo, algo de susto da.
Adrián dejó su puesto de pesca y salió corriendo a sacar fotos, yo no podía creer lo que me hacía la trucha, se metía en el run y tiraba para cruzarlo, estaba arriba, podía ver perfectamente el lomo, tratando de tomar la fuerza de la corriente, que es mayor arriba, para ayudarse. Estaba convencido que si cruzaba no la sacaba más del otro lado. Finalmente, luego de varios minutos en una misma posición, pegó una corrida para el pozón a mi derecha, casi no me pedía línea, salió perpendicular, bien tensa. Salto un par de veces y se empezó a entregar. La acerque de a poco, se me había escapado un macho justo antes, (después de tanta pelea ya me había olvidado de ese mal momento), así que me concentré, no quería un error tonto al final. Pero estaba cansada, y yo también, la agarré mansamente en el agua, le saqué la mosca clavada en el superior (como se ve en la foto), y la dejé ir.
Pescamos varias mas ese día. Ninguna como esta



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